En Kikibá, la alimentación no es solo una necesidad: es un acto de conexión con la tierra, con nuestras tradiciones y con el bienestar colectivo. Las mujeres productoras cultivan relaciones responsables con los recursos naturales, apostando por prácticas agroecológicas que cuidan tanto a las gallinas como a las personas que consumirán sus productos. Desde el maíz y las hojas que alimentan a las aves hasta los conocimientos compartidos sobre sanidad, todo forma parte de un sistema vivo que honra el trabajo, la naturaleza y la sabiduría comunitaria.